Boticcelli y la filosofía neoplatónica

Retrato de un joven
alrededor de 1480-5
Témpera y óleo sobre tabla, 37.5 x 28.3 cm
https://www.nationalgallery.org.uk/paintings/NG626
«Querido Pan y todos los demás dioses que aquí habitan: concédanme ser bello por dentro, y por fuera, que todo lo que tenga esté en armonía con lo de adentro. Que considere rico al sabio, y que todo el dinero que yo tenga no sea más que el que puede poseer un hombre sensato.» Esta oración dicha por Sócrates al final del Fedro―diálogo donde se explora y discute la belleza y el amor, entre otros temas―es la leyenda perfecta para este hermoso retrato pintado por el gran Sandro Botticelli. Hasta esta fecha los artistas renacentistas italianos solían pintar a sus retratados de perfil o mirando ligeramente hacia al frente. Pero con la llegada a Florencia de muchos retratos pintados en el estilo flamenco, con el retratado mirando hacia al frente, los artistas italianos empezaron a pintar de esta manera.

Este retrato posee varias características propias del retrato flamenco: la luz intensa entrando por la izquierda, las definidas facciones faciales y la posición del joven. Lo que Botticelli le agrega y que lo hace tan revolucionario, es que lo ha pintado totalmente de frente al observador–cuerpo y cara. Atrás han quedado los distantes retratos de perfil que evocaban aquellos creados en la antigua Roma.
Volviendo a nuestra oración socrática. Durante el Renacimiento se extendió en Florencia el Neoplatonismo, cuyo mayor exponente fue Marsilio Ficino. Este filósofo y teólogo argumentaba, siguiendo la filosofía platónica, que la belleza exterior era reflejo de la belleza interior; la belleza externa era señal de tus virtudes espirituales. Justamente lo que Sócrates pide en su oración a Pan. Este retrato no era solamente una representación artística de este joven, ni tampoco un simple objeto conmemorativo para cuando ya no estuviese, sino que también era un intento extraordinariamente hermoso de mostrar la armonía de su belleza espiritual y física. Y esta es una de las pocas ideas realmente útiles que ha dado la filosofía en 2500 años de historia: la belleza, que es buena, viene desde adentro. Es algo que nace de tus virtudes. Algo que crece y se nutre a través del amor y la sabiduría. Esta debe ser una de las razones por las que, después de tantos siglos el arte renacentista, y especialmente Botticelli, siguen siendo tan populares y apreciados: ¿no es justamente esa belleza espiritual, interna, lo que realmente al final del día queremos y buscamos los seres humanos?

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