
Pintada en el estilo que lo hizo famoso, Cubismo, y del cual fue su mayor exponente, esta obra maestra de Picasso es epítome de sus ideas estéticas durante sus primeros años de carrera artística: formas abstractas (que recuerdan a pedazos de papel cortados o piezas de rompecabezas), líneas fragmentadas, ausencia de sombras y perspectiva.
Las tres figuras que vemos son Pierrot, el triste y desafortunado personaje de la Commedia dell’Arte, a la izquierda; en el centro está Arlequín, otro personaje de la Commedia dell’Arte; y a la derecha, sosteniendo una partitura, un monje cantando. Detrás de Pierrot, casi invisible, Picasso pintó un perro, cuyas patas delanteras sobresalen a la izquierda y su cola se ve entre las piernas del arlequín.
Cuando uno ya ha reconocido quienes son estas tres figuras, no puede uno evitar preguntarse ¿cómo terminaron tres personajes de oficios y vidas tan opuestas tocando música juntos? Y es aquí el mensaje de Picasso en la obra: es gracias al arte y a nuestra capacidad e interés humano por su creación y a la alegría que trae el hacer música juntos, que personas de distintas partes, que inclusive llevan vidas totalmente opuestas, pueden al menos, por un corto periodo de tiempo, sentarse juntos, omitiendo sus diferencias, y producir algo tan gratificante y significativo como la música.
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