Considerado uno de los ángeles de la Anuncación más hermosos en el arte occidental, este elegante y exquisito ángel Gabriel fue pintado como parte de un díptico que representaba el momento en que el mensajero de Dios le hace saber a María que ha sido escogida para ser la madre del Redentor.

Simone Martini, uno de los pintores sieneses más importantas de su época, logró un acabado suntuoso y de gran delicadeza enfocándose en líneas curvas de gran soltura, la aplicación de colores en capas y en el uso del sgraffito (esgrafiado), una técnica ornamental popular en Italia probablemente inspirada en las cerámicas islámicas.


Luego de cubrir la tabla con arcilla roja, pintó en tenue rosado las vestimentas del ángel, sombreadas con tonos más oscuros para crear volúmen y marcar los pliegues. Acto seguido, removió parte de la pintura para descubrir la capa de oro en la tabla, tallándola luego con pequeñas perforaciones. De esta manera, no solo conseguía una radiante y refinada composición, sino que, con el uso del esgrafiado, lograba captar los rayos de luz, y así el efecto del oro con los colores a luz de las velas era muchísimo más intenso.


Recordemos que según la estética medieval la luz estaba estrechamente unida a Dios y al mundo celestial. La luz era vista como emanación de Dios, iluminando al mundo y revelando su belleza.
Por lo tanto el rico dorado de la tabla en conjunto con la luz de las velas creaban el efecto de estar en el mundo celestial, siendo testigos de primera mano de la deslumbrante belleza divina.


La tabla derecha de este díptico se encuentra actualmente en el Museo Hermitage de San Petersburgo en Rusia.
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